Una sospecha permanente
Por: María Alejandra Villamizar Maldonado, periodista.
Debía ser el primer semestre de 2014. Estaba en el despacho del ministro de Defensa Juan Carlos Pinzón. Tuvimos frente a las fotos, nombres y conexiones entre los líderes guerrilleros de las FARC , me preguntó con el tono de intuir la respuesta: ¿usted los conoce a todos, cierto? Me llamó la atención la pregunta y le respondí de inmediato. No los conocía a todos, a algunos sí, después de casi una década de cubrimiento de los procesos de paz, y como asesora de la Oficina del Alto Comisionado de la Paz de la Presidencia estos guerrilleros habían sido objeto de trabajo. Y en seguida me soltó la siguiente frase: “María Alejandra, ¿por qué no se viene a trabajar de este lado?”.
Ese es el centro del problema: la misma institucionalidad me ha puesto “de un lado”. Esta anécdota sirve de contexto para ilustrar lo que para mí ha sido una constante en más de 28 años de trabajo y es que los militares han creado una sospecha permanente sobre mi trabajo profesional, señalando cercanía o incluso pertenencia a una de las guerrillas colombianas.
Ya en el 2019, ya vinculada al Canal Caracol propuse una entrevista con el jefe de la delegación del ELN “Pablo Beltrán”. El canal respaldó la propuesta, el ELN aceptó la entrevista y fue así como se hizo y se publicó el 3 de marzo. Desde ahí comenzó el nuevo capítulo de los perfilamientos.
En el 2020, en plena pandemia, supe que mi nombre, mis datos personales y más detalles de mi vida privada, estaban en una carpeta de la inteligencia militar , junto a la de un grupo grande de periodistas.
Desde entonces la historia se ha venido desarrollando. Me dedicaron una operación de inteligencia con fuentes abiertas OSINT, sustentada en la Ley de Inteligencia. ¿Cuál era el objetivo de perfilar a una persona que, en su condición de periodista, tiene una vida pública? Según dice el documento investigaban la posible relación con Pablo Beltrán.
Más de 200 colegas en una carta pública se unieron a la pregunta. Todavía no lo sabemos. Lo que estamos pidiendo es que retiremos nuestros nombres de cualquier seguimiento que pretenda sembrar señalamientos de vínculos con grupos ilegales por realizar tareas periodísticas, como una entrevista a un jefe de un grupo ilegal —que hoy vuelve a ser protagonista de una mesa de negociaciones—.
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