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¡Hola, maja!


Dile adiós a Halloween (aunque Heidi Klum probablemente esté todavía desmaquillándose después de esto). ¡Ya es oficialmente Navidad!

Palabra de Mariah Carey. Amén.

Es verdad que hace dos días estábamos en chanclas, pero hay que mirar el lado bueno: con esto de acostumbrarnos al cambio climático, podemos desterrar para siempre la palabra “veroño”.

No te damos más la chapa, que tendrás que ir empezando a buscar el regalo del amigo invisible


Lo que Clara ha traído de vuelta esta semana:

No es por seguir contando mi vida personal, pero desde que estoy en Roma he oído hablar de un tema que por lo visto es muy popular y yo no conocía: las vestales. Señoras guardianas del 🔥fuego sagrado🔥 de Vesta, la diosa del hogar. 

Situémonos en el tiempo: año 700 a.C. aproximadamente. Se inicia la tradición de asignar a unas mujeres muy concretas la labor de proteger la ciudad y el estado, que era lo más valioso en el Imperio Romano porque ellos eran muy de las gentes y la cultura y el derecho y los foros y esas cosas. El papel principal recae en Rea Silvia, madre de Rómulo y Remo. Con ella nacen las vestales: seis mujeres con dos normas extraespecíficas que cumplir:

  1. Custodiar el fuego, literalmente.
  2. Mantener su virginidad.

(¿cómo mantuvo la madre de dos gemelos su virginidad? Esa es otra historia no muy bonita que no cabe en esta newsletter)

Todo en orden en el Templo de Vesta, la casa de las vestales. Fuego ON. Dejemos al margen que si escucho “custodiar el fuego” solo se me viene esta canción a la mente.


Las vestales debían mantener viva la llama símbolo del hogar porque si el fuego se apagaba significaba que una desgracia estaba a punto de acontecer. En caso de que una de ellas faltara a su deber de “custodiar el hogar”, el castigo era la flagelación. Se cuenta (en wikipedia) que la vestal Aemilia se quedó dormida una vez y logró revivir el fuego apagado gracias a que una parte de su túnica se había quemado y todavía quedaba calor. 

Peor era sin duda el castigo por mantener relaciones sexuales: ser enterrada viva en una cámara junto a un trozo de pan. Al convertirse en vestales, pasaban a ser hijas del estado, por lo que cualquier relación con un ciudadano se consideraba incestuosa y por tanto, debía ser castigada con la muerte.

Aquí la vestal pecadora Oppia agonizando con su trozo de pan. El cuadro está firmado por Ballarín que debe ser un antepasado de Héctor Bellerín.


Con estas condiciones lo normal es que ninguna mujer quisiera dedicarse a ser vestal, pero es que no sabes tú las ventajas. Gloria bendita las ventajas. 

Las mujeres en la antigua Roma estaban relegadas a un segundo plano y apenas disfrutaban de participación en la sociedad. Menos las vestales. Ellas eran las únicas personas que podían vivir en el centro de la ciudad (ya sabes que los alquileres en el centro siempre han estado caros, por eso recomiendan mudarse a Móstoles). En National Geographic explican que no estaban bajo la autoridad de ningún hombre, podían disponer de sus propios bienes, tenían escoltas, palco vip en el Coliseo y herirlas era castigado con la muerte. Incluso su palabra en los juicios era considerada verdadera por defecto. En resumen, era el colectivo de mujeres con más derechos de la época, siempre y cuando obviemos sus dos peculiares deberes.

La vestal sentada a la izquierda está hasta el mismísimo coño de vigilar el fuego y quiere irse ya a ver luchar a Russell Crowe.


Eso sí, el casting estaba complicado. Una mujer era seleccionada como vestal cuando tenía menos de diez años, debía tener un físico perfecto (una cicatriz = descarte) y cumplir unos requisitos judiciales (como por ejemplo, no ser hija de esclavos). Y tras cumplir 30 años al servicio de Vesta, debía retirarse dedicando su vida al sacerdocio o volviendo a ser una civil común. Pero para entonces una mujer ya era considerada señora mayor, con lo cual el prestigio de ser vestal se contrarrestaba con la desventaja de ser anciana. En realidad, seguro que estaban encantadas de dejar el fuego y poder mudarse al Móstoles romano.

En una sociedad en la que la mujer era vista casi exclusivamente como una vasija y se la consideraba “débil de juicio”, las vestales fueron uno de los pocos colectivos de mujeres que encontraron un resquicio en el sistema. ¡Brindo hoy por esos resquicios! Bibere humanum est, ergo bibamus!

 

Lo que Lucía ha traído de vuelta esta semana:

Qué envidia las vestales, solo tenían dos cosas en su lista de tareas: 

  • ¿Fuego encendido? ✅
  • ¿Virginidad? ✅
Hoy vengo a hablar de las listas, porque te dije que me “flipaban” y nunca más se supo. Bueno, pues hora de actualizar la bio como Elon. Ya no me gustan (aunque evidentemente, nada da más gustito que tachar cosas de tu lista de tareas)

Yo no sé cómo será la to-do list de Janira Planes pero hace mil millones de cosas (podcasts, newsletter, charlas, trabajo) y encima está siempre enterada de todo, es muy fuerte. Referenta.


Hace poco leí este artículo de Mar Manrique sobre el porno de productividad: chicas que se levantan a las 5:30 de la mañana y antes de trabajar ya han hecho el deporte, escrito sus metas del día, desayunado algo bonito y meditado. Creo que no he conseguido hacer check en todas esas actividades ni en una semana, pero oye, no todas podemos ser #ThatGirl. Solo quería mencionarlo, para que veas que ser productiva it’s a thing, pero ay, amiga, yo ya tenía el capitalismo interiorizado antes de que existiera Tik Tok.

Debo decir que últimamente estoy intentando rebelarme contra ello. Por eso me gustó el enfoque de Haley Nahman en su consultorio/newsletter (ya te hablamos de ella aquí). A la pregunta "¿Ser adulta es simplemente tener una lista interminable de tareas que hacer?" Haley responde que sí, pero que las tareas son parte integral del disfrute de la vida y luego menciona al poeta Thich Nhat Hanh y su teoría sobre "lavar los platos para lavar los platos" y no simplemente para marcar el ✅ en la lista de cosas que hacer.  

Washing the dishes

is like bathing a baby Buddha.

Yo creo que aquí Thich Nhat Hanh se vino un poquito arriba con el mindfulness, pero bueno, entiendo su punto de que lo profano es también sagrado y que hay que buscar la poesía en los quehaceres cotidianos, vaya.

*Dejemos al margen que si escucho “quehaceres” solo se me viene a la mente este himno:

Por cierto, que así estaban las protas en 2019, diez años después de hacer todos esos quereseres. 

En fin. Otro ejemplo de cambio de ritmo, que es también un cambio de mentalidad: el de Inés y Paula, de la newsletter Punzadas. Hace unas semanas enviaron este boletín informativo para decir lo que todas pensamos: tantos libros, tan poco tiempo. El caso, que iban a bajar la autoexigencia y periodicidad de sus cartas para poder “pensar despacio”. Porque “no queremos consumir libros, queremos leerlos, pensarlos, interiorizarlos, disfrutarlos”. Me parece genial –Remedios Zafra también lo dice, la prisa es enemiga de la cultura–.

Así que, mi propuesta: cambiar las listas interminables de tareas por listas de otras cosas. Listas como las que escribía Sei Shonagon en su El libro de la almohada, que ha estado cerca de la mía –en mi mesilla– unos cuantos meses, para poder leerlo despacio. Los libros de almohada (su traducción literal sería 'notas de la almohada') eran cuadernos de notas informales que hombres y mujeres escribían cuando se retiraban a sus cuartos en el Japón del siglo X y guardaban posiblemente en los cajones de las almohadas de madera de la época. Allí apuntaban sus impresiones del día, ideas, reflexiones… Eran básicamente las notas del móvil.

Sei Shonagon, dama de la corte de la emperatriz Sadako durante la era Heian, escribió el más famoso, un clásico de la literatura japonesa y una obra maestra de la literatura universal. En él, además de anécdotas de la corte imperial, hay 164 listas como estas: 

  • Insectos
  • Plantas
  • Temas poéticos
  • Cosas placenteras
  • Cosas y gente que deprimen
  • Cosas espléndidas
  • Cosas que sorprenden y afligen
  • Cosas presuntuosas (ejemplo: toser)
  • Cosas inconvenientes
  • Cosas que hacen latir deprisa el corazón
  • Personas que parecen satisfechas consigo mismas
  • Cosas que pierden al estar pintadas
  • Cosas que ganan al estar pintadas
  • Cosas que dan la sensación de sucio
  • Cosas que están lejos aunque estén cerca…

¿No os encanta? Yo ya me he reconciliado con las listas. 

(Ale, ya he escrito el Majas de hoy, una cosa menos en la lista ✅)


Maja, aquí una lista de miscelánea dedicada para ti:

Una cosa que tiene la vida adulta y que te encuentras de repente es que hacer planes para el mismo día es difícil. Y no porque estés súper ocupado, sino porque a lo mejor ya has sacado una pechuga del congelador y bueno tu destino ya está sellado junto al de esa pechuga.

Marc (@DarmokSora)

Bueno, Maja, nos despedimos ya, pero te dejamos antes con dos consejos:
1) Cuidado con lo que comes, que no todas llevamos la cagalera con tanta profesionalidad como la realeza.
2) Si tienes que llorarle a alguien, hazlo con más dignidad que Javier Negre a Elon Musk, y más que Elon Musk a Stephen King.

Y ya sí que nos vamos 💋

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