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¡Hola, maja!

Nos morimos de sueño, porque ayer empezó Masterchef Celebrity y por supuesto que era necesario que Arkano rapeara una vez más. La verdad que solo lo vimos para presenciar el encuentro entre las Samanathas después del embrollo de la peluca sucia.

Pero no todo van a ser chistes rancios y McAitanas. Hoy te traemos recomendaciones de primera mano. Para que veas.

Lo que Clara quiere que veas esta semana:

Existe un poblado en Mieres que Wikipedia define como “uno de los ejemplos mejor plasmados de paternalismo industrial de España.” Y lo conozco no por un paseo en Wikipedia, sino por un paseo con mis propias piernas. Si visitas Asturias en verano, ya sabrás que tienes que pensar un plan B para cuando no haga día de playa. En definitiva, prepárate para actividades culturales todos los días. Y este pasado agosto, el día me llevó a una visita guiada por Bustiello, proclamado Bien de Interés Cultural en 2017.

El pobláu te recibe con estos aires marinadorienses.

La historia de Bustiello se remonta a finales del siglo XIX, cuando la Sociedad Hullera de España descubrió en la cuenca del río Aller un buen filón. Hulla a mansalva, hulla everywhere (everywhere bajo tierra, claro). En muy poco tiempo se necesitaban muchos hombres que bajaran a la mina, y la mano de obra (ese buen eufemismo) era algo que escaseaba por la zona. Pues bien, a los pueblos de alrededor comenzaron a llegar familias de áreas cercanas, a un nivel que petaron toda la zona y debían vivir como buenamente podían, en la misma calle o alquilando precarias habitaciones. Y así, maja, es como nació el coliving. No, es broma, esta no es la historia del nacimiento del coliving, esa te la contaremos en otro Majas.

El CEO de la Sociedad Hullera de España, que era jesuita y además tenía visión de negocio, decidió levantar en 1890 un espacio urbano para algunos de los mineros y sus familias, de la nada, en la misma cuenca del río. En él vivirían unas pocas familias (30) en unos adosados exquisitos para la época, con todas las necesidades básicas cubiertas. Los habitantes tenían economato, escuela de niños, escuela de niñas (esa al otro lado del río), iglesia, centro médico, farmacia y casino. Mi prima lo definió muy bien como la zona de barracones de la Iniciativa Dharma. Al menos los vibes los tenía.

Por qué querría alguien vivir en la ciudad si en la cuenca de un río donde no pasa absolutamente nada hay una urbanización creada por el patrón.

Todo suena estupendo, porque las familias podían tener una casa con huerto, luz eléctrica e hijos educados si no fuera porque, claro, estos beneficios conllevan un pequeño y ligero coste. Y es que para vivir en Bustiello debías llevar trabajando diez años en la empresa, probar lealtad a la misma y tener una conducta moral y social intachable. Es decir, que la puerta de tu casa siempre tenía que estar abierta, solo podías unirte al Sindicato Obrero Cristiano y debías tener disposición para chivarte al ingeniero jefe si veías algo que pudiera llamar la atención. Aunque el ingeniero es posible que ya lo supiera, que para eso vivía en una casa más elevada con buenos ventanales para espiar a sus trabajadores. Ah, por supuesto que cuanta más prole tuvieras, en tu familia compuesta de mamá y papá + hijos, más puntos tenías para acceder a una casita aquí.

Procesión en 1959 junto al chalet de Don Isidro, el ingeniero. ¿Que dónde están las mujeres? Mucho pides tú.

El pueblo se cerró en una ocasión, cuando una riada cubrió durante días el único puente por el que se accede. Qué más da, pensó el patrón, si hay de todo dentro. Todo el mundo a sonreír y a cantar Downtown, como en Lost. También es verdad que no hacía falta que fuera el propio río el que sellara el pueblo. Si el Marqués de Comillas y dueño de la Sociedad Hullera así lo ordenaba, de ahí no salía nadie. Que los mineros disciplinados no se enteren de las huelgas.

Para conocer la historia completa, te recomiendo que si un día de playa asturiano estás cerca, reserves visita guiada. Al final te hacen una foto con la escultura del Marqués de Comillas y el minero que le ofrece flores.

No conozco a ninguna de estas personas. He sacado la foto de Facebook. Pero piensa en todas esas fotos random que alguna vez te has hecho y a saber en qué newsletter salen.

En 1967, el poblado minero pasó a formar parte de la empresa HUNOSA, y las viviendas fueron vendidas a sus inquilinos. Es muy probable que las personas que ahora viven allí (y que estaba tan ricamente en sus jardines cuando paseamos) sean hijos e hijas, nietos y nietas de esos mineros, los de familia ‘bien’ de la época. Ahora el único precio que tienen que pagar es soportar a los turistas como yo que pasean por sus dos calles para cotillear. Menos mal que ya pueden cerrar la puerta de casa.

Lo que Lucía quiere que veas esta semana:

Bueno, Maja, ha llegado el momento de hablar de Battlestar Galactica. Solo hay un tema que me ha obsesionado más que #lodeanairis este año y es esta serie considerada de culto (creo). Lo primero que quiero decir es que no me la he terminado porque por lo visto había unas mini-series entre temporadas y me enteré tardísimo, por eso te aviso, para que lo consultes con Wikipedia o con tu seriéfilo/seriéfila de confianza y no te pase lo mismo que a mí. Otro dato para que te ubiques: es la versión 'reimaginada', no la de 1978.

Dicho esto, te cuento: la premisa es que las ‘máquinas’ creadas por los seres humanos se rebelan contra ellos (classic) y se cargan todos los planetas. Solo sobrevive una pequeña parte de la humanidad, los que están en las naves espaciales y poco más. El problema es que los cylons, que así es como se llaman los robots, han evolucionado y han adquirido forma humana. Hay 12 modelos y… quién sabe, quizá estén entre los supervivientes. ¡Chan,chan!

¿Cuántos cylons ves aquí? Tendrás que verte las cuatro temporadas y las cuatrocientas miniseries y contenidos extras para enterarte. Juju

Da igual que no te guste la ciencia ficción, tampoco nos gustaban los dramas medievales y bien que nos acabamos comprando la camiseta de ‘No soy una princesa, soy una Khaleesi’. El caso es que Battlestar Galactica no es (solo) una space opera... lo es TODO. Se tratan grandes temas como raza, clase, religión, derechos humanos (¡y cylons!)... De hecho, fueron invitados a la ONU para hablar de algunos de ellos (link cortesía de Enrique, un majo). 

La serie plantea cuestiones políticas, filosóficas, religiosas y morales de todo tipo, desde si se debe poner en riesgo la supervivencia de miles de personas para salvar a una sola a cómo organizar a la sociedad en un contexto apocalíptico. ¿Si el fin del mundo te pilló en la nave-refinería te jorobas y te toca pasarte el resto de tu existencia 'refinando'? ¿Y qué pasa con la tortura, a un cylon sí se le puede torturar? ¿Vale menos su vida que la nuestra? ¿Quién debe tomar la última decisión, el poder político o el militar?

La serie favorita de Dwight, qué más se puede pedir.

Uno de mis capítulos favoritos es el que trata sobre el aborto. La presidenta Roslin se plantea si se debe prohibir el aborto para evitar la extinción de la humanidad, porque con 50.000 supervivientes, no está la cosa como para permitir que se reduzca la natalidad... Todo surge, claro, cuando una chica de Gemenon, el Texas galáctico, huye de su familia y pide asilo político para poder abortar. Y hasta aquí puedo leer, que no quiero hacer spoilers. 

Por desgracia, lo del Texas terrestre no es ciencia ficción: la ley prohíbe la interrupción del embarazo antes de que muchas mujeres sepan incluso que están embarazadas y serán los propios ciudadanos los que se encargarán de hacer que se cumpla. Como explica Nanisimo en su newsletter, en teoría, cualquiera podría querellarse contra todas aquellas personas que incumplan la norma, desde personal sanitario hasta el conductor del Uber que lleve a la mujer a la clínica. ¡Y encima, si ganan, les pueden pagar hasta 10.000 dólares!

Jen Psaki, portavoz de la Casa Blanca, se hizo viral la semana pasada por hacerle un Next a un reportero conservador (haz click para ver ese gran momento). Pero tampoco nos flipemos, que los Bidens tampoco son tan modernos.

La realidad, como siempre, poniéndoselo difícil a la ficción. Aunque en el fondo, creo que ese es uno de los motivos por los que me ha gustado tanto Battlestar Galactica y por los que me he enganchado a mi nueva serie apocalíptica favorita, Into the Night. Con esto de la ansiedad climática, la pandemia y demás sorpresitas veo el fin del mundo cada vez más cerca. Y quiero estar preparada. 

O quizá sea solo una excusa para no apuntarme al gimnasio, porque total, para cuatro días que nos quedan, no voy a pasarlos sudando, ¿no? Eso diremos. So say we all!*

*Referencia friki para fans de Battlestar

Me vi la primera temporada de Into the Night en el confinamiento y tardé como tres capítulos en darme cuenta de que hablaban en francés. La premisa: el sol mata. 

Maja, la miscelánea también queremos que la veas:

A que persona os gustaría ver haciendo una collabo con McDonalds? A mi a Carlos Rios

🍂 Pelloque 🍁- (@Pelloque)
Bueno, maja, una semana más, nos despedimos hasta la próxima. Como diría Carmen Laforet... nada. (Perdón 🙏)
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