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¡Hola, maja!

¿Cómo estás? Nosotras nos sentimos renovadísimas como la Plaza de España. O sea, renderizadas mal. Pero estamos intentando ser positivas y darle tiempo a los arbolitos para que crezcan y se conviertan en zonas verdes que se parezcan lo menos posible a esta. Si no, nos pondremos así:

En fin, la newsletter de hoy viene cargada de mujeres inglesas poderosas, porque hemos cancelado a los hombres ingleses por no apreciar el reggetón. Menos mal que tenemos a Ibai Llanos representando el fandom. 

Solo una cosa más antes de empezar: esta semana hemos celebrado el aniversario del mejor tuit de Twitter. No queríamos pasarlo por alto. Y ahora, más cosas icónicas:


Lo que Lucía entiende por mujer icónica:

Dice Juan Sanguino que nuestros recuerdos están mediatizados. Se refiere a que todos los momentos de nuestra infancia/adolescencia/vida están ligados a algún contenido cultural: una peli, una canción, un programa de la tele... Su tesis es que hemos cambiado porque, para nuestros padres, la cultura popular es un entretenimiento, un complemento a la vida real, mientras que para nuestra generación es… la vida misma. Los X, los Z y los millennials (que para los boomers y columnistas somos básicamente cualquier persona más joven que ellos) podemos pasarnos horas hablando SOLO sobre cultura popular. Y a eso es a lo que nos dedicamos en Majas.

La tentación de hablar de Taylor Swift y de todos los Easter eggs del videoclip de All too well (diez minutazos de canción y de zascas🧣) es grande. Pero Taylor ya ejerció de musa de las Majas (it was rare, I was there), así que hablemos de otras mujeres icónicas: Henar Álvarez. La cómica ha resucitado esta semana uno de esos recuerdos mediatizados de nuestra vida: las Spice Girls. Por un instante, me he trasladado a la guardería Maravillas, justo delante del espejo, para ensayar la coreografía del Wannabe como tantas otras niñas (como Adele) fascinadas por las chicas picantes y la patada voladora de Mel C.

P. D. Yo era Victoria, en realidad solo tenía que caminar hacia el espejo y strike a pose.

El documental del que habla Henar se ha traducido al español como El precio del éxito y repasa la historia del grupo desde sus inicios. Aunque en algunas entrevistas ellas afirman conocerse del mundillo de los castings y haberse ido a vivir juntas espontáneamente, la verdad es que fueron seleccionadas por Bob y Chris Herbert, de Heart Management para formar una banda femenina de pop. En el primer capítulo se muestra la plantilla del casting donde puntuaban del 1 al 10 sus habilidades: canto, baile, atractivo, piel… y las notas que sacó Victoria Adams en cada una de estas categorías ("eran los 90" como excusa para todo).

Si hubieras leído este anuncio en la revista The Stage en 1994 quizá serías tú la que estuviera casada con David Beckham.

Puede que empezaran como un producto prefabricado, pero eran auténticas. Abandonaron a los Herbert antes de firmar el contrato y cuenta la leyenda que se colaron en su despacho para 'robar' la letra del Wannabe y a continuación salieron huyendo en el coche de Geri. Me las imagino como en el videoclip: I'll tell you what I want, what I really really want. Porque ellas lo tenían bastante claro. Lo que querían, digo.

Esa confianza en sí mismas era la esencia del girl power, un totum revolutum de mensajes empoderantes sobre la importancia de las amigas, expresar los deseos propios y no aceptar que nadie (especialmente un hombre) te impusiera nada. Ni las interrumpiera al hablar. No lo llamaban feminismo, pero contribuyó a que una generación de niñas comenzara a pensar que, después de todo, ser una chica molaba. Y esto era un mensaje importante: te recuerdo que eran los 90.

El girl power no era solo de boquilla: aquí las tienes en un rodaje riñendo al equipo por insinuar que debían enseñar más cacha. Fuck off! 

La Spicemanía y el Girl Power conquistaron el mundo, las Spice arrasaban: consiguieron el número 1 en 37 países, ganaron 300 millones de libras en un año y se convirtieron en la banda femenina más vendida ever. Su cara aparecía en camisetas, postales, libros, refrescos, llaveros, Barbies, todo tipo de merchandising. Un fenómeno tan solo igualado por Frozen... y Operación Triunfo 1

En plena cresta de la ola, tras estrenar la película Spice World, despidieron a su segundo manager. Y comenzaron los titulares. La ambición de cinco chicas de clase trabajadora no sentó bien a todo el mundo. Resultaba amenazante… y de ahí el precio del éxito. 

Geri Halliwell era la más cañera –se declaraba fan de Margaret Thatcher, dato– y fueron a por ella. Acabó dejando el grupo, pero eso lo cuentan en el segundo capítulo y aún no lo he visto.

Juan Sanguino también defiende que hablar de la cultura popular es nuestra forma de hablar de las cosas importantes. Por eso llevo toda la semana pensando en esa palabra: el éxito. ¿Qué entendemos por éxito? ¿Ganar 300 millones, llegar al número 1? ¿Vender mucho, que la gente se sepa nuestras letras? ¿El reconocimiento de la industria, tres Grammys Latinos? TED Talks tienen una sección en su web solo para ello, así que debe ser importante 😅

Supongo que para cada persona significa una cosa diferente. Por ejemplo, esta semana he terminado mi primer puzzle, me parece un exitazo. También hay gente a la que dormir ocho horas les parece una pequeña victoria. Trabajar de lo que te gusta. O cuando alguien nos dice que le gusta Majas o que se ha acordado de nosotras al ponerse un pantalón sin bolsillos

No te lo voy a negar, también sería un éxito que nos invitaran a Estirando el chicle o ganar un Ondas. Pero tiempo al tiempo:

C Tangana dice en Llorando en la limo que el éxito es un peso, que él prefiere tus besos (y el queso 🧀) pero yo creo que con este tuit ya ha tocado techo.
 

Lo que Clara entiende por mujer icónica:

Se acerca peligrosamente el día más importante del año: el del Spotify Wrapped. Ese día en el que recibimos el resumen anual de todo lo que hemos escuchado. A partir de entonces y hasta el 31 de diciembre se puede disfrutar de guilty pleasures, puesto que ya no formarán parte del resumen. Al fin libres.

El otro día mi amiga Lucía (la que te habla de las Spices) reflexionaba que sí, que mucho feminismo y tal, pero que la mayoría de las canciones que escuchamos han sido escritas, interpretadas y producidas por hombres. Y por mucho que yo, día tras día, me esfuerce por discriminar positivamente (the worst expresión ever), mi resumen anual está lleno de señoros. Y además, no sé por qué, en las posiciones más altas, siempre están los Beatles. Que sí, está claro por qué, pero lo cierto es que escuchar The Beatles es una acción que hago de forma inconsciente. Y hoy me propongo redimirme.

¿Te recuerda a alguien? Efectivamente, es la mezcla exacta entre Marisol, Taylor Swift y Aimee de Sex Education. Todas ellas musas de Majas.

Ella es Pattie Boyd. Si todas las chicas rubias, monas e inocentes te recuerdan a ella es porque fue la pionera. Incluso Twiggy, la “modelo más hipster de todos los tiempos”, admitió haberse inspirado en su estilo para el look tan característico de sus primeros años.

Otra fan de Boyd es la propia Taylor Swift. Míralas, lucen madre e hija, además de unas mamarrachas con esas gafas.

Pattie Boyd es una de las musas más famosas de la música moderna. Pero fue mucho más que eso, y ese es el problema.

Con una búsqueda rápida en Google una se puede hacer una idea clara de por qué se la conoce: primero se casó con George Harrison y después con Eric Clapton, amigo íntimo del primero. Inspiró canciones tan famosas como Something, de Harrison, o Layla, de Clapton. De esas que aparecen en mi Spotify Wrapped todos los años aunque yo crea que las escucho menos que a Nathy Peluso.

Inventando las poses de ABBA antes de que existiera ABBA.

Ella era modelo y fotógrafa. Aquí puedes ver algunos de sus trabajos expuestos en la Galería de Arte de San Francisco. Retratos como este o autoretratos como este otro. Pero, por supuesto, su faceta más sonada fue la de musa. O si me apuras, la de mujer fatal. La de superficial y un poquito suelta, porque qué es eso de irte con el mejor amigo de tu marido. Y también se dijo que se lo merecía, por no poder tener hijos. 

Para empezar, los inicios de la carrera de Boyd como modelo giraron en torno a sus dientes. Y es que las modelos no se deben parecer a los hámsters, le decían.

Hasta que sus dientes se pusieron de moda y protagonizó la portada de la Vogue en 1969.

Conoció a George Harrison en el rodaje de A Hard Day’s Night, concretamente, en esta escena. Con tan solo 20 años se casaron, cuando Eric Clapton forjaba una estrecha amistad con el Beatle. Pero poco a poco Clapton se fue encaprichando de Boyd, intentando acercarse a ella todo lo posible. Ella, mientras tanto, intentaba emparejarle con su hermana. Una noche de 1969, mientras John Lennon supuestamente recriminaba a George Harrison haberse tirado a la mujer de Ringo Starr y George Harrison le acusaba de intentar tirarse a la suya, Eric Clapton aprovechó el despiste de ambos para, digamos, cortejar a Pattie. Por entonces, ella estaba hasta el mismísimo c-ño de que su marido estuviera todo el día hablando de espiritualidad, la India y el Maharashi, pero luego bien que le ponía los cuernos. Por lo menos eso es lo que dicen en este artículo.

Se comenta que George Harrison acabó proponiéndole a Clapton que se fuera con su mujer, y él se quedaría con la hermana pequeña, que ojo, por entonces tenía 17 años. ¿Me sorprende? Rotundamente no. Nada nuevo en el año 69: drogas, sexo, rock ‘n’ roll, y sobre todo, machismo. Aun así, Harrison se arrepintió y volvió al lado de su mujer. A cambio, a Clapton le “regaló” la hermana pequeña de Pattie.

No obstante, meses después, Pattie seguía recibiendo cartas de amor de Clapton, que no podía olvidarla. Por muchas calabazas que ella le intentara dar, lo del No es No no se llevaba mucho por la época, así que “quien la sigue la consigue” y Pattie Boyd acabó divorciándose de Harrison para casarse unos años después con Clapton. Para entonces, Harrison ya estaba casado de nuevo y había perdonado a su amigo.

Lo atrayente de esta historia no son los vaivenes amorosos. Lo fuerte es que los hombres tomaron todas las decisiones en el nombre de las mujeres. Ellos, señores con poder económico y simbólico, decidían con quién se acostaba cada una y hasta con quién se casaba y divorciaba. Pattie Boyd era una mujer independiente, inteligente, libre y con una carrera propia. ¿Por qué se empeñan en vendérnosla como un ser pasivo? 

En la historia de la música hay gran cantidad de mujeres que acarrean culpas que no les pertenecen. Te recomiendo los capítulos de Deforme Semanal ‘Lagunas’, donde se cuenta la historia de Marianne Faithfull o ‘La paz’, de Courtney Love. Y sobra decir que Yoko Ono no tiene la culpa de nada.

Una vez más, y ya van mil millones, hay que recordar que

Diseño de Marina Benito. Pues eso.

¡Venga a escuchar mujeres en Spotify, que tenemos que cerrar bien el año! Empiezo con mi recomendación: Ginebras, que además tienen una canción-oda-a-los-Beatles.


Miscelánea para ser exitosa, Maja:

una versión de 10 minutos de la canción “marta, sebas, guille y los demás” de amaral. sebas volvió de buenos aires? se sindicalizó isabel después de ese trabajo? se arruinó la empresa del imbécil de su jefe tras la pandemia? se supo algo de guille?

🤹- (@akapoulainne)
Bueno, Maja, nos vamos que hemos visto una misa por aquí y vamos a entrar a ver a quién honran. Es que nosotras, como Andy (o Lucas), no somos ni progres ni fachas. Somos normales.
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