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¡Hola, maja!

Hoy venimos contentas, al contrario que Don Omar en Las Vegas.

Efectivamente, ¡nos ha entrevistado Chus Naharro! En nuestra charla, le contamos cómo nació Majas, cuáles son nuestros planes de futuro y cómo nos organizamos para traerte el contenido que quieres

No ha sido lo único importante que ha pasado estos días: Rosalía ha sacado Saoko (y compartimos esta unpopular opinion), el gobierno ha atacado a la remolacha y la reina de Inglaterra ha cumplido 70 años en el trono y lo ha celebrado no cortando la tarta.

¡Ah! Y lo de la reforma laboral, pero eso ahora te lo contamos.


La equivocación según Lucía:

El que tiene boca se equivoca. Lo sabe mejor que nadie Alberto Casero, el diputado del PP que erró su voto y consiguió sacar adelante la reforma de la reforma laboral. Es un poco como meterse un gol en propia. O más bien como enviarle a alguien una captura de pantalla de vuestra propia conversación. Ese momento de ‘tierra-trágame’, los calores subiéndote por la nuca. Esos segundos interminables hasta que aciertas a darle al botón adecuado: ¿Eliminar para mí / Cancelar / Eliminar para todos? Eso: eliminar para todos. Uy, no iba para ti. Jeje.

Jeje.

A Casero no le valió con un jeje. Es como si toda España hubiéramos recibido esa captura de pantalla enviada por error… y ahora ya nunca se nos va a olvidar la cara del tipo ese del PP que votó que sí a la reforma de Yolanda Díaz.

Pero Alberto, tío, no te rayes. Todo el mundo la ha cagado en algún momento. De hecho, han salido muchos recopilatorios de tus compis liándola con el voto telemático (mi favorito es obviamente tu exjefe Rajoy votando que no a sus propios presupuestos). El caso es que todas nos hemos equivocado alguna vez. ¡Mira al jurado del Benidorm Fest, que le dio más puntos a un videoclip que a las Tanxugueiras

Llevamos unas semanas muy agitadas, Teo y Cuca las que más.


Aunque tienes razón, querido Alberto, en que no todos los errores tienen la misma repercusión. Por ejemplo, en mi examen de ayer cada pregunta mal contestada restaba 0,1 puntos. Sé que no es mucho comparado con lo tuyo (la cagada de la legislatura, que dicen en tu partido), pero para mi síndrome de la alumna aplicada sí que puede serlo. 

Siempre que estoy de exámenes me pregunto por qué. ¿Qué necesidad tengo yo de ponerme a estudiar ahora? La respuesta más obvia es porque me gusta y disfruto haciéndome apuntes 🤓 Pero también puede que haya algo de búsqueda de validación. Lo que Begoña Gómez Urzaiz y Noelia Ramírez llaman El Síndrome del Gomet Verde™. Esa necesidad imperiosa (y quizá absurda) de que te digan: qué bien lo has hecho 👍 Esa aprobación puede venir de tus padres, tus amigas, alguien de Twitter... O en mi caso, de un profesor de la UNED. 

Ellas lo relacionan con el síndrome de la impostora, como una manera de convalidar de forma externa que ‘tú sí que vales’, y se preguntan quiénes son esos expendedores de gomets a los que tanto deseamos gustar. También hablan de redes sociales y el masoquismo de los likes –más gomets–. Y del trabajo, cuando entregas *algo* a tu jefa y esperas un “buen trabajo, gracias” como si con la nómina a final de mes no fuera suficiente y su validación en forma de agradecimiento también te diera de comer. 

En fin, hay mil ejemplos, aquí van dos: mi examen de ayer, nosotras cuando enviamos Majas y alguien nos responde con un “qué guay hoy”. Una palmadita, otro gomet.

Cómo nos sentimos cuando no nos dices que te ha gustado la newsletter de hoy.

Nos gusta que nos digan que lo estamos haciendo bien. Lo necesitamos. Por eso equivocarnos nos da tanta rabia. "El error nos produce terror. También vergüenza y culpa. Bajamos la mirada y nos reprochamos no haber sido capaces de acertar, de escoger la opción correcta”. Esto lo he sacado de un reportaje de El País Semanal de 2010, pero esa última frase le viene al pelo a nuestro Alberto, pobre. Muchas ideas del texto siguen vigentes como que desde pequeños hemos vivido en una sociedad que premia el acierto y penaliza el error. Y que para nuestro sistema educativo, el error es estéril y vacío, no se saca nada de él. En todo caso, resta: -0,1puntos.

Es cierto que en los últimos años muchos gurús del emprendimiento (y Alejandro Sanz) han intentado convencernos de que solo de errores se aprende. Y tienen argumentos de peso: muchas cosas importantes se descubrieron por equivocación, como la penicilina, "América" o el yogur.

Pero si eso no te consuela, que sepas que cometer fallos es lo que nos diferencia de las máquinas. Dice Henning Beck, doctor en Neurociencia, que el mayor potencial de nuestro pensamiento está en la capacidad de equivocarse y de aprender del error. Que esa imperfección nos hace mejores que cualquier inteligencia artificial. ¡Y tú echándole la culpa a un error informático, Alberto!

Estuve buscando los mejores ejemplos de páginas ‘Error 404’ y mi favorita es la número 12, en la que te dejan elegir a qué desarrollador despedir por el mistake.


Bueno, espero haber acertado con este texto y haberme ganado tu validación 🟢 (es un gomet verde). Si no, pues nada, -0,1 puntos para Majas.

✏️ Para saber más

Solo dos apuntes sobre cagarla enviando mensajes/capturas a la persona equivocada:

  • Hay quien en vez de enviar a esa persona la captura, ¡la ha subido a su estado de Whatsapp! Por suerte, los estados de Whatsapp solo los vemos mi madre, mi hermano y yo, así que allí está a salvo. 

  • Miley Cyrus tuiteó una captura de su conversación con Liam Hemsworth en la que decía que estaba fatal y que se iba a tomar un Xanax y él no la respondía... Lo cuenta este hilo viral que repasa toda su relación y revela cosas muy turbias. Aunque lo más desconcertante es esto.


La equivocación según Clara:

Cosas que me gustan: el mobiliario urbano. Me contengo porque hablar de bancos o farolas automáticamente te convierte en una loser, y lucho cada día por mantener mi mediocre estatus social. Pero descubrí a Francis Bourgeois, también conocido como Train Guy, y si él puede sentir una pasión irrefrenable por los trenes y acabar de modelo en una campaña de Gucci, quién soy yo para silenciar mis pasiones.

Mis pasiones: las cabinas de teléfono. Esta soy yo en 2017 en una de las Tipo A.


Llevan tiempo amenazando, pero este año tristemente se convertirá en realidad: diremos adiós a las cabinas. En concreto, a las 14.824 que actualmente existen en España y que iban a cumplir un siglo en 2028. Te juro que, como urbanita que soy, lo considero un error (como diría Lucía). De hecho, por si esta puñalada no ha sido suficiente, también morirán con ellas las guías telefónicas, pero eso me da bastante más igual.

La Ley General de Telecomunicaciones así lo ha decretado. La mayoría de cabinas se desmantelarán, pero muchas de ellas se transformarán en puntos de carga o de información digital, algo de lo que se está encargando esta empresa como parte del plan de reestructuración y recuperación económica español, que prevé que en 2025 el 100% de la población tenga acceso a internet de alta velocidad.

Los nacidos después de 1990 definitivamente no saben usar los teléfonos públicos, y más del 88% de la población reconoce no haber usado nunca una cabina.

Supongo que las cabinas telefónicas te importan más o menos según el año en el que hayas nacido. Yo solo las he utilizado en serio una vez en la vida, cuando mi tía llamó a casa de mi abuela. Creo recordar que, de hecho, mi abuela tenía guardado el número de la cabina del pueblo y que le llamó de vuelta a la cabina. Pero lo mismo es mi imaginación, que se ha recreado en la anécdota. Lo que sí recuerdo es llamar con mis primos al 1004 e intentar colar bromas a la plantilla de teleoperadores. Nos creíamos graciosísimos. Actualmente, cada cabina emite una llamada de media a la semana. Se ve que se han perdido los gloriosos años de llamar al 1004 ☎🔚😥

A partir de ahora tendremos que explicar a los niñxs algunas películas. ¿No te hace eso sentir mayor, Maja? Por ejemplo, Última llamada, esa en la que Colin Farrel se tira dos horas metido en una cabina. O la mítica escena de Los pájaros, que vista con ojos del presente, funciona a medias; y cómo no, La cabina, de Antonio Mercero.

Típica película española en la que lo que los actores están diciendo en la pantalla no se corresponde con el audio. Qué pena que la cabina tampoco se correspondía con las que estaban instaladas en todo el Estado.

Te propongo verla para rendir un último homenaje a mi elemento urbano favorito. Son solo 35 minutos y merece la pena ver cada arquetipo de esta sociedad llamada España: la gran masa que solo mira, el grupo de niños buleadores, el hombre que se hace el machito, el que aprovecha para vender, el que aprovecha para robar, el policía que, en fin, es policía… y José Luis López Vázquez, claro. De hecho, Telefónica tuvo que rodar con él un anuncio para recordar que las cabinas eran seguras. Y grabó otro para Retevisión, con el fin de dar por terminado el monopolio de las telecomunicaciones en España. López Vazquéz por fin salió de la cabina, 26 años después.

De hecho, desde este diciembre puedes visitar en Chamberí una réplica de la de la película como homenaje al fallecido director, a pocos metros de la escena real. Al final, será la última cabina que quede en pie, porque a la cabina primigenia, en el Florida Park del Retiro, también tendremos que decir adiós. Parece que no vamos a conservar ninguna con fines patrimoniales 😭

Hay una web en la que están localizando cabinas. Si ves una de las últimas, ayúdales aquí. Y ya sabes que desde este año te tocará explicar a los niños y niñas para qué servían esas cosas de viejos.


Ring, ring 📞 podrán dejarnos sin cabinas, pero no sin miscelánea, Maja:

interviewer: can you explain this gap in your resume 

me: yes that's when i didn't have a job

shen the bird - (@Shen_the_bird)
Aunque nos hayan entrevistado y ahora seamos famosas, nosotras, como Georgina, somos como cualquier familia. ¡Nos vemos en quince días con joyas y en chándal!
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