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¡Hola, maja!

¿Cómo estás? Nosotras dudando de si cancelar o no la cena de navidad, como le ha pasado a IDA. Pero qué remedio, si Rajoy se lo toma con humor, nosotras también podemos. Ay, Mariano, te echábamos de menos (bueno, no lo sé, a veces sí, normalmente no).

Maja, como sabemos que tú normalmente sí que nos echas de menos, aquí volvemos cargadas de espíritu navideño y buenos memes para ti.


Lo que Clara ha oído estos días:

En las notas de mi móvil anoto desde hace tiempo mis placeres sonoros. Esto es, sonidos que por una cosa u otra me satisfacen. Generan sensaciones, me parecen redondos, dan ASMR o simplemente encajan perfectamente con el momento en el que suenan. 

Pueden pasar varios meses sin que detecte ninguno, pero ay, cuando sucede. Súbitamente aparecen, esperando a ser escuchados. A veces siento que son tan obvios como una explosión y otras veces que están hechos solo para mí. Miro a los lados para ver si alguien más los ha oído.

Andaba yo la semana pasada leyendo en el metro Soñó con la chica que robaba un caballo, de Sabina Urraca, cuando de repente un párrafo me transportó:

Vivo desde hace unos meses en una casa que da a un patio interior, por primera vez en mi vida. Nunca, hasta entonces, había escuchado tan cerca los sonidos de hogares ajenos. La primera noche, un estornudo de mi vecina nueva me despertó con la sensación de que aquello había sucedido directamente en mi oreja. No es que hasta entonces hubiera vivido aislada y sin vecinos (para muestra, lo que escribí sobre todos ellos en la cuarentena), pero la primera semana en esta casa tenía todos los sentidos alerta, sobre todo el oído. Analizando novedades. La misma vecina del estornudo se duchó a la una y media de la mañana y me volví a despertar como si la escena ocurriera a diez centímetros de mí. Que por cierto, han pasado los meses y se sigue duchando puntualmente a la misma hora, pero he acostumbrado mi sentido y ahora solo me despierto si algún día cambia su horario de ducha. Rutinas, supongo.

Pero lo que más me gusta de mi patio interior, sin ninguna duda, es el batir de huevos. Por eso entiendo tanto que Sabina Urraca le diera tal importancia. En una de mis primeras semanas, salí a la terraza a las doce del mediodía y escuché esto. Tal vez una hora rara para batir huevos (¿desayuno? ¿comida?), pero vaya placer. Desde entonces, a veces consciente, a veces inconscientemente, deseo que algún vecino se prepare una tortilla.

Y que me invite, ya que estamos.

Buscando información para escribir este Majas sobre el placer de los sonidos, he dado con museos como Conserve the sound, Sonidos de los bosques, o Save the sound. En este último se incluye todo un clásico: el encendido del Windows 95. Me recuerda a aquellas tardes de Messenger.

Si eras una de esas que se desconectaban y se volvían a conectar para buscar el caso de tu crush, estás cancelada. 

En este artículo se menciona un término que podría ser muy interesante, la fonoestética, si no fuera porque una búsqueda en Google de esa palabra solo muestra tratamientos estéticos faciales con una supuesta nueva tecnología. Pero del placer de los sonidos, tristemente, he podido encontrar poco. Maja, si tienes información sobre esto, estaré encantada de leerte. No acerca del ASMR, que ya lo conocemos, sino más bien el placer de escuchar fonemas o aliteraciones. O simplemente soniditos.

Esta es una lista de algunos de mis placeres sonoros:

¿Cuál es tu sonido fetiche? Cuéntame al oído.
 

Lo que Lucía ha oído estos días:

¿Oyes eso? Es el sonido del British Museum ignorando las peticiones de Grecia y de la UNESCO sobre la devolución de su patrimonio artístico.

El mes pasado, el primer ministro griego volvió a decirle a Boris Johnson que qué hay de lo mío y su homólogo británico le contestó que 🤷‍♂️. No mencionó a Peppa Pig, pero poco le faltó, seguro.

El caso es que este puente de diciembre he estado en Atenas, y, contra todo pronóstico, en lugar de obsesionarme con los mitos de la cultura griega y entregarme al culto de las diosas (como ha hecho Henar Álvarez, que parece que espero a que haga su sección de Buenismo Bien para escribir Majas, pero juro que no), mi mente se ha quedado enganchada para siempre en la tercera planta del Museo de la Acrópolis.

La sala contiene una recreación de la cámara interior del Partenón 🏛️ de las mismas dimensiones y orientación que el de verdad, y en ella se muestran varias piezas originales –los relieves del friso, las figuras de los frontones–, ya que fue “especialmente diseñada para exponer EN SU TOTALIDAD el gran friso del templo”. En su totalidad, ¿eh, British Museum?

En realidad, todo el museo es un gran zasca a los británicos, pues en la exposición se evidencia que faltan la mitad de las piezas y que, oh casualidad, gran parte se encuentran en Inglaterra: “Estas son las Cariátides originales del templo Erecteion. Bueno, NO TODAS. Una está en el Museo Británico de Londres. Aquí os dejamos su hueco para que veáis que no está” (esto no lo ponía en ningún cartel, pero la verdad es que no me hubiera extrañado). 
Las cinco Cariátides y el huequito que ocuparía la que aún está en el British Museum. ¿Puede un museo ser pasivo-agresivo? Yo digo sí.

La culpa de este despropósito es de Lord Elgin, un aristócrata escocés con más cara que espalda. Fue embajador en Constantinopla entre 1799 y 1803 (cuando Grecia aún era territorio otomano) y aprovechó su posición y sus contactos para pelar el Partenón. Comenzó financiando una expedición de artistas a la Acrópolis, que tenían la misión de retratar y modelar copias de las antigüedades y, quizá, “llevarse algunas piezas de piedra con inscripciones y figuras antiguas”, pero una cosa llevó a la otra y acabaron llevándose 75 metros de friso, 15 metopas, 17 estatuas de los frontones, una cariátide y un largo etcétera de tesoros. En total, unas doscientas cajas con restos de la Acrópolis y otras partes de Grecia. Ups 🙊

Lo peor de todo es que cuando ya tenía todo bien empacado para llevárselo a la pérfida Albión (aka Reino Unido para las boomers como yo), su barco sufrió un naufragio y se perdieron varias cajas. Las malas lenguas y Lord Byron dirán que fueron los dioses, que a Atenea no le hacía ninguna gracia ver cómo había quedado aquel vacío, violado templo por culpa de aquel que vilmente robó aquello que los menos bárbaros ganaron.

El poeta Lord Byron era muymuy fan de Grecia, pero también un poco gamberro. Defendió a la Acrópolis del expolio de su compatriota, pero estampó su firma sobre el Templo de Poseidón.

Por suerte, pudieron recuperar parte de los objetos. Estos acabaron decorando la mansión inglesa de Lord Elgin, aunque, años más tarde, acorralado por las deudas, tuvo que venderlos por 350.000 libras al Gobierno Británico (otras fuentes hablan de 35.000 libras, en cualquier caso, very cheap). Hoy, los mármoles extraídos del Partenón por este noble se exponen en el British Museum y son conocidos como ‘los mármoles de Elgin’.

Son los mismos que Grecia reclama desde hace años. Interpelado por su homólogo griego (me siento muy periodista diciendo esto, jeje), Boris Johnson dijo que la decisión de devolver los mármoles no era suya, sino del museo. Boris, con lo que tú has sido, que veraneas en Grecia desde hace 20 años, que te encanta el queso feta y presumes de recitar de memoria las cien primeras líneas de la Odisea. ¡Tú que en los 80 te codeabas con la ministra de Cultura de Grecia y que en 2012 afirmaste que “en un mundo ideal, los mármoles del Partenón nunca deberían haber sido retirados de la Acrópolis”! ¿Qué te ha pasado, Boris?

Un joven y tierno Boris junto a Melina Mercouri, actriz, cantante y ministra griega de Cultura, gran abanderada de la campaña por el retorno de las esculturas.

El Museo Británico, por su parte, dice que *encantadis* de colaborar con sus colegas de la Acrópolis, pero que los mármoles son suyos, que Lord Elgin los obtuvo de forma legal con una autorización del sultán otomano –otras fuentes dicen que la documentación original nunca se encontró 🧐– y que cumplen una función pública muy importante porque en el British Museum lo que hacen es ofrecer una visión más general de la Historia, poniéndola en contexto con los objetos (expoliados) de otras civilizaciones vecinas como la egipcia. Eso sí que es darle la vuelta a la tortilla y no lo de las vecinas de Clara y de Sabina Urraca. Aunque tengo que reconocer que esta aplicación de Google en la que se conectan las distintas obras del museo por periodos históricos, continentes y culturas es bastante guay. 

Otro de los argumentos estrella de los británicos es que no son los únicos que tienen 🏺cosas griegas🏺, que también hay en el Louvre, en el Vaticano, en Copenhague, en Múnich… Suena a maniobra de distracción (de las esculturas originales que han sobrevivido, cerca de un 50%, aproximadamente la mitad están en Atenas y la otra mitad en el British Museum), pero algo de razón tienen. El movimiento de descolonización de los museos amenaza a otros países como Francia o Alemania. Este último se comprometió a devolver este próximo año los bronces de Benín, pero de la cabeza de Nefertiti y de las Puertas de Ishtar no ha dicho ni pío. También hay otras teorías que dicen que menos mal que estaban en el Museo de Pérgamo y no en Irak porque a saber dónde estarían ahora… 

En España no tenemos el busto de Nefertiti, pero tenemos a la Dama de Elche, que es igual de polémica.

La excusa de la conservación puede ser un arma de doble filo: al Museo Arqueológico Nacional se le coló una hormiga en la Dama de Elche y claro, a ver quién es el guapo que le dice ahora a Elche que es que la Dama vive mejor en Madrid.

Algo así les pasó a los atenienses cuando se enteraron que en la galería del Partenón del Museo Británico había goteras. En agosto denunciaron que el argumento de que allí "se exhiben en condiciones más adecuadas que las que Grecia podría ofrecer" hacía aguas (nunca mejor dicho) y volvieron a exigir su devolución. El Museo Británico insiste en que ellos nunca han dicho que los griegos no sepan cuidar de este patrimonio, que seguro que sí, pero no les devuelven ni un pedacito de su historia. Y es una laaarga historia: el Partenón tiene más de 2500 años de antigüedad.

En fin, yo solo espero que la próxima vez que vaya a Atenas y visite el Museo de la Acrópolis, el Británico les haya devuelto aunque sea este trozo de Poseidón. Bueno, y la Cariátide. Y ya que estamos, que me acompañe Claris 💙

Acabo con esta imagen de Femme Sapiens: mitología griega y Nathy Peluso, gran combo. 


Miscelánea para escuchar atentamente, Maja:

El pasaporte covid exige un nivel de batería en el móvil que honestamente no me puedo permitir

Alba- (@Olivia_Neutron)
Antes de despedirnos de la penúltima Majas del año, queremos desearte una feliz navidad, o al revés: que pase rápido si la odias. Tampoco nos vamos sin despedirnos de Verónica Forqué. Qué heavy has sido siempre, Juana 🖤
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